Cómo definir propósito y valores empresariales con visión ética

Hace unos meses, una pequeña empresa tecnológica me decía: “Llevamos años creciendo, pero siento que ya no sabemos muy bien hacia dónde vamos. Tenemos clientes, facturación, proyectos… pero ¿cuál es realmente nuestro propósito?”.

Esta frase refleja una realidad común: muchas empresas nacen con una idea clara, pero con el tiempo pierden la brújula. Y aquí es donde entran en juego dos elementos esenciales: el propósito y los valores empresariales.


El propósito: mucho más que ganar dinero

El propósito es la razón de ser de una organización. No es un slogan bonito ni un eslogan de campaña. Es el “para qué” existes más allá de los números.

Mira el ejemplo de Patagonia: su propósito no es “vender ropa deportiva”, sino “estar en el negocio para salvar nuestro hogar, el planeta Tierra”. Eso les guía a tomar decisiones radicales, como animar a sus clientes a no comprar si no lo necesitan.

Un buen propósito responde a tres preguntas clave:

  1. ¿Qué problema queremos resolver?
  2. ¿A quién beneficiamos con nuestro trabajo?
  3. ¿Por qué esto importa al mundo?

Si tu respuesta es genérica (“queremos ser líderes del sector”), toca rascar más hondo.


Los valores: las reglas del juego ético

Los valores empresariales son los principios que guían cómo se toman decisiones dentro de tu empresa. En otras palabras: son las reglas del juego que no cambian, aunque cambien las circunstancias.

Por ejemplo:

  • Una empresa con el valor “transparencia” no oculta información incómoda a sus clientes.
  • Una empresa con el valor “equidad” no tolera diferencias salariales injustificadas.

El truco es que los valores deben ser:

  • Claros (evita frases vacías tipo “excelencia”).
  • Concretos (explica cómo se viven en el día a día).
  • Coherentes (si dices que te importa el medio ambiente, no puedes llenar la oficina de plásticos de un solo uso).

Una dinámica rápida para definirlos en equipo

Si aún no tienes tu propósito y valores empresariales bien definidos, aquí va un ejercicio práctico:

  1. Tormenta de ideas: cada persona del equipo escribe en un post-it qué cree que aporta la empresa al mundo.
  2. Agrupación: junta las palabras que se repiten o se parecen.
  3. Selección: elige entre 3 y 5 valores que realmente representen a la organización.
  4. Concreción: define un ejemplo de cómo se vive cada valor en el día a día.

El resultado no será perfecto desde el inicio, pero sí auténtico. Y lo mejor: saldrá de la participación del equipo, no de un documento escrito en solitario por la dirección.


Los errores más comunes (y cómo evitarlos)

  • Copiar valores de otra empresa → te resta autenticidad.
  • Elegir demasiados → más de cinco se olvidan o se diluyen.
  • Definirlos solo desde arriba → si no hay participación, no generan compromiso.

Cierra el círculo: vivirlos, no colgarlos

El propósito y los valores empresariales no son frases de pared ni se reducen a una página en la web corporativa. Son brújula y motor: te guían en decisiones difíciles y te recuerdan por qué existe tu empresa.

Como me dijo una vez una emprendedora social: “El propósito no se escribe, se demuestra”.

Así que, si todavía no lo has hecho, empieza hoy mismo a definir el tuyo con tu equipo. Porque una empresa con propósito y valores claros no solo crece, trasciende.


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